#ContraElRacismo – Por Mag. Marta Lescano, presidente de Fundación FEPAIS

“No dejen de protestar, pero háganlo en Paz”

Esta fue la frase que eligió la familia de George Floyd, el ciudadano de la comunidad negra, quien murió por asfixia luego de que un policía de Minneapolis lo inmovilizara con la rodilla en su cuello, dejándolo sin poder respirar. Este hecho se interpretó en el mundo entero como un acto de racismo y desató un repudio masivo y su consiguiente búsqueda de justicia.

Ahora bien, cuando hablamos de racismo, ¿a qué nos referimos? Según el diccionario de la Real Academia Española, el racismo es la “exacerbación del sentido racial de un grupo étnico que suele motivar la discriminación o persecución de otro u otros con los que convive” y también refiere a la ideología o doctrina política basada en la discriminación racial.

Recordemos que cuando hablamos de discriminación estamos hablando de situaciones en las que un grupo de personas excluye o da trato desigual a otras personas por pertenecer a etnias diferentes. No se trata de un conocimiento personal, la persona o grupo que discrimina actúa en contra de alguien solo por ver en el otro a alguien distinto y al que se le enseñó y aprendió a odiar.

Desde una perspectiva histórica, la diferenciación racial se produjo durante la conquista de América, en desmedro de los pueblos originarios y, también en la esclavización masiva de personas, quienes eran utilizadas para explotar los recursos del llamado Nuevo Mundo.

Otro período fue la segregación racial que se vivió en Estados Unidos y contra la que lucharon figuras históricas como Martin Luther King o Rosa Parks, entre otras. También es recordado Nelson Mandela por su incansable lucha contra el “apartheid”, el régimen racista de segregación racial imperante en la República de Sudáfrica durante el siglo XX.

Pero cuando hablamos de  racismo, hay un sistema que ha marcado en la historia de la humanidad un antes y un después: el régimen nazi, establecido en Alemania entre 1933 y 1945,  que tuvo como principales víctimas a las distintas minorías étnicas del continente, judíos, gitanos, afrodescendientes, entre otros.

En Sudáfrica, el 21 de marzo de 1960, la policía abrió fuego y mató a 69 personas en una manifestación pacífica contra la ley de pases del apartheid que se practicaba en la ciudad de Sharpeville. Seis años más tarde, la Asamblea General de Naciones Unidas proclamó los 21 de marzo de cada año, el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, que busca “el respeto universal y efectivo de todos los derechos humanos y de las libertades fundamentales de todos, sin distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión”.

Desde entonces, el sistema del apartheid en Sudáfrica se ha desmantelado. Leyes y prácticas racistas se han suprimido en muchos países, y, aún así, en todas las regiones, muchos individuos, comunidades y sociedades sufren de la injusticia que el racismo y el estigma traen consigo, como el caso que comentamos en Estados Unidos.

¿Cómo comenzar a desandar el camino del racismo?  Creemos que siempre deberá ser a través de la educación.

En primer lugar necesitamos comprender la importancia del lenguaje como herramienta comunicativa para generar lazos pacíficos.

Es sabido que la ofensa, la discriminación, la intolerancia, la mentira, la desvalorización y la exclusión, que se manifiestan tanto en lo gestual como en el lenguaje verbal, pueden constituir el inicio de una escala de violencia cuyo desenlace es siempre imprevisible.

Por el contrario, los discursos en los que se observan valores de la humanidad como la búsqueda de la verdad, la justicia, la colaboración, la solidaridad y el respeto por las diferencias contribuyen a interacciones que producen el avance y desarrollo de las sociedades e instalan una cultura que colabora con la Paz.

Confiamos en que, si aumentamos la conciencia, a través del conocimiento y uso de expresiones vinculadas con la integración e inclusión, asociadas a la comunicación de poder expresar ideas sin buscar ofender, se favorecerán los vínculos y se podrá prevenir la violencia en sus distintas formas y en los diversos ámbitos de la sociedad: el educativo, periodístico, político, comunitario, institucional, entre otros.

¿Por qué focalizamos sobre el lenguaje para contrarrestar el racismo? Porque es evidente el estrecho vínculo entre usos del lenguaje e identidad sociocultural de las personas. Ya en 1926 Valentin Volóshinov insistió en que el lenguaje, además de ser un conjunto de formas, era también un vehículo inmejorable para la comunicación y la socialización de ideas y visiones concretas de la sociedad.

Es evidente que, si trabajamos en usos del lenguaje más constructivos y dialógicos, modificaremos no solo el modo de ver la realidad o las ideas sino la realidad misma.

Usos violentos de lenguaje

A continuación, describiremos algunos usos muy frecuentes, invisibilizados, que desalentamos, ya que actúan con poder destructivo para la sociedad en su conjunto. Son transmitidos de generación en generación sin conciencia ni análisis del daño que ocasionan.

Estereotipos

Se trata de imágenes sociales que supuestamente caracterizan a un grupo de personas. Los estereotipos pueden referir a múltiples aspectos de la vida social: la religión, la nacionalidad, la etnia, entre otros.

Los estereotipos niegan las particularidades de las personas, sus individualidades y en su lugar se ubica una caracterización generalizada que se supone alcanza a todos los individuos del grupo al que se está haciendo referencia. Esa generalización fue transmitida culturalmente, se enseñó en algún lugar y momento histórico y trascendió  de generación en generación, sin mediar causa ni justificación. Es necesario desestimarla.

Descalificación

¿Qué busca la calificación peyorativa en general, y el insulto en particular, cuál es su objetivo? Se podría sintetizar diciendo que su objetivo es establecer una superioridad cultural. Es primero mediante estereotipos, categorizaciones, rasgos de identidad, que estas calificaciones dañan el individuo en su mismo ser, en su más profunda esencia.

Es posible encontrar diversas maneras de descalificar a una persona:

  • Usar apodos despectivos:
  • Descalificar modos culturales relacionados con la música, las producciones estéticas, los usos y costumbres de una generación.
  • Despojar a las personas de cualidades inherentes de los seres humanos, y utilizar palabras o expresiones referidas a objetos o animales.

Pensamos que sólo teniendo en cuenta la comprensión de la violencia verbal, podemos conocer lo que es la cultura verbal de la paz. Una simple comparación entre ambas nociones revela primero que, así como la comunicación conviviente es “valorizante” para los interlocutores, la injuria u ofensa, en cambio, perjudica a la propia persona que la enuncia. La violencia verbal busca destruir voluntariamente al otro a veces sin demasiada conciencia de que a su vez quien la ejerza se convertirá en víctima de su propio enfoque al recibir las respuestas sociales negativas de sus acciones verbales.

Usos positivos del lenguaje a favor de la Cultura de la Paz

El lenguaje de la convivencia es una contribución a la construcción positiva de la imagen del locutor y del interlocutor siendo el resultado el enaltecimiento de la imagen propia y de la del otro y es de vital importancia para la cohesión social.

Compartimos algunos ejemplos:

Cortesía verbal

Es un hecho incuestionable que la forma de decir las cosas afecta al modo de recibirlas. Por tanto, el uso de la cortesía verbal se convierte en ocasiones en un valioso instrumento de negociación. Observemos el uso de mecanismos lingüísticos a través de los cuales el respeto se manifiesta verbalmente:

  • Uso de fórmulas lingüísticas de intercambio verbal al servicio específico de la cortesía como «por favor”, “gracias«, “hasta mañana”.
  • Uso del imperfecto o el condicional para evitar las fórmulas directas de solicitud: «Me gustaría hacerle una pregunta», «¿Querría informarnos cuál es, según su parecer, el origen del problema?», «Yo le pediría que fuese riguroso en la interpretación de nuestra posición…».
  • Petición de disculpas ante una interrupción: «Perdone que lo interrumpa, pero…».
  • Uso de construcciones sintácticas condicionales que restringen lo dicho: «Si ustedes me permitenme gustaría explicar detenidamente mi idea sobre el tema».
  • Uso de adverbios mitigadores: «Quizás«, «Tal vez«, «Probablemente«.

Reglas conversacionales

Además de conocer y poner en funcionamiento las reglas de cortesía verbal enunciadas anteriormente, es decir, los recursos y estrategias de que dispone la lengua para asegurar que el intercambio comunicativo tenga éxito como interacción social, hay reglas conversacionales que los especialistas señalan propicias para entablar comunicaciones:

  • no imponer ideas,
  • dar opciones,
  • hacer que el interlocutor se sienta cómodo,
  • ser cortés,
  • ser relevante,
  • ser atento, empático, escuchar atentamente
  • descubrir los intereses del oyente
  • mediar inmediatamente cuando hay conflictos.

Educación para la paz en las escuelas y comunidades

Siendo conscientes de que la violencia se aprende a través del lenguaje, sabemos que a través de él podemos producir transformaciones que mejoren la calidad de vida de la humanidad. Por ello, propiciamos desde Fundación Fepais:

  • Abrir espacios de diálogo y reflexión para analizar hechos como el que da motivo a este artículo.
  • Estar atentos a las propias palabras, y a la de otros. En caso de escuchar expresiones de discriminación, buscar la reflexión.
  • Valorar la identidad cultural como un bien a conocer y ampliar, y a su vez, incentivar y valorar otras identidades culturales.
  • Promover espacios de resolución de conflictos sin ofensas, en forma pacífica.
  • Estimular todo tipo de trabajo en colaboración, usando expresiones como: nosotros, construimos, pensamos…
  • Desalentar desde la niñez todo tipo de mentira, buscar siempre la verdad, la justicia el amor y la paz.
  • Buscar el encuentro con personas que provengan de diversas etnias, estimular la diversidad cultural con acciones concretas.

Para concluir, la violencia no se detiene con más violencia, sino con educación para la convivencia. Reforcemos espacios de visibilización en contra de la discriminación y busquemos que nuestros niños y niñas y adolescentes crezcan en armonía con quienes conviven.