El poder de la palabra en la Cultura de la Paz

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El lenguaje es una herramienta de comunicación que puede utilizarse o bien para generar convivencia pacífica entre las personas y sus comunidades, o bien, para crear y desarrollar diferentes formas de violencia.

Es sabido que la ofensa, la discriminación, la intolerancia, la mentira, la desvalorización y la exclusión, que se manifiestan tanto en lo gestual como en el lenguaje verbal, pueden constituir el inicio de una escala de violencia cuyo desenlace es siempre imprevisible.

Por el contrario, los discursos en los que se observan valores de la humanidad como la búsqueda de la verdad, la justicia, la colaboración, la solidaridad y el respeto por las diferencias contribuyen a interacciones que producen el avance y desarrollo de las sociedades e instalan una cultura que colabora con la Paz.

En la actualidad, podemos observar que en varios países estamos frente a una cultura de la polémica, en lugar de una cultura del diálogo y la integración: “La firme convicción de que existen dos versiones para cada tema -nos recuerda Devorah Tannen- fomenta la idea de que existe una versión diferente, con lo cual se alimenta la duda y, por ende, la veracidad de unos hechos”. Esta manera particular de observar la realidad, a través de un modo binario, lleva a negar hechos innegables tanto para la ciencia, como para la historia, buscando siempre y en lenguaje bélico (atacar, enfrentar, luchar, disparar, apuntar, combatir) la instauración de un solo punto de vista, el propio y la construcción de una imagen del otro, a quien hay que menoscabar o destruir.

En este marco, es necesario construir una Cultura de Paz sostenida por un lenguaje que aliente el encuentro, la socialización, el diálogo, no ya entre dos formas antagónicas, sino entre las diferentes formas sociales y culturales de ver el mundo. Para ello es imprescindible el lenguaje de la resolución pacífica de los conflictos.

Para poder alcanzar esta meta, surge la necesidad de revisar el lenguaje de los discursos que atraviesan a las sociedades democráticas en América Latina y en el mundo. Esto es reflexionar sobre el discurso del poder, representado por los discursos de los medios, los discursos políticos y los discursos de los referentes sociales, ya que de estos depende en parte la formación ideológica y cultural de las sociedades. En efecto, no es menor el impacto que esos discursos del poder adquieren en la construcción de una ciudadanía responsable y favorable para resolver los conflictos humanos en forma pacífica y constructiva.

Sería por lo tanto valioso que los medios periodísticos, las escuelas, las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales reconozcan en sus discursos, cuáles son expresiones de convivencia y cuáles, de discriminación, vinculadas a la generalización, el prejuicio o el estereotipo, transmitidas la mayoría de las veces por auténtico desconocimiento.

Es válido decir que en estos tiempos a estos clásicos poderes de la palabra que propuso Van Dick en su análisis crítico del discurso, se sumaron personas que, desde su carácter individual, y desde su subjetividad dan a conocer sus ideas y creencias a través del uso masivo de las redes sociales, y suele ocurrir que al expresar sus puntos de vista utilizan formas violentas o estereotipadas. En este caso, se observa con frecuencia el silencio de aquellas personas que por cultura o por formación ideológica no aceptan comunicarse de ese modo, quedando así las redes, ligadas el poder de aquellas personas dispuestas a las controversias, las ofensas, y lentamente se va excluyendo la palabra de los más conciliadores, pacíficos, aquellas personas que buscan el intercambio auténtico y plural.

Confiamos en que, si aumentamos la conciencia, a través del conocimiento y uso de expresiones vinculadas con la integración e inclusión, asociadas a la comunicación asertiva, de poder expresar ideas sin buscar ofender, se favorecerán los vínculos y se podrá prevenir la violencia en sus distintas formas y en los diversos ámbitos de la sociedad: el educativo, periodístico, político, comunitario, institucional, entre otros.

¿Por qué focalizamos sobre el lenguaje para construir una cultura de Paz? Porque es evidente el estrecho vínculo entre usos del lenguaje e identidad sociocultural de las personas. Ya en 1926 Valentin Volóshinov insistió en que el lenguaje, además de ser un conjunto de formas, era también un vehículo inmejorable para la comunicación y la socialización de ideas y visiones concretas de la sociedad. Es evidente que, si trabajamos en usos del lenguaje más constructivos y dialógicos, modificaremos no solo el modo de ver la realidad o las ideas sino la realidad misma.

Si ante un conflicto, el uso del lenguaje no nos lleva a formas conciliadoras o de consenso, ese conflicto se agravará, y la realidad podría ser muy diferente si logramos desde el uso del lenguaje buscar expresiones que conllevan a soluciones que beneficien a la mayoría o que estén al servicio del Bien Común.

En este documento, lo que buscamos es prevenir la violencia de género, la doméstica, la institucional a través de una mayor conciencia del lenguaje y sus efectos no solo en los grandes grupos de poder sino en la participación ciudadana, para que en forma progresiva se refleje en las identidades subjetivas y sociales un cambio de paradigma cultural: de las violencias a la cultura de la convivencia y paz.


El lenguaje que transforma realidades

Una breve historia. En los últimos años, hubo desde las ciencias del lenguaje una serie de disciplinas como la pragmática, el análisis del discurso, la sociolingüística y la semiótica textual que se ocupan de investigar el modo en que los usos del lenguaje contribuyen a la formación de las identidades culturales y a la producción de maneras concretas de entender, de mantener y de transformar la realidad social.

Con el apoyo de estas ciencias. buscamos ofrecer qué usos del lenguaje favorecen la construcción de una cultura de paz, cómo podemos fomentar una conciencia crítica contra los usos del lenguaje de la discriminación, de la ocultación y de la mentira. En otras palabras, cómo podemos usar un lenguaje colaborativo con una democracia que busca la equidad y la convivencia armoniosa entre las personas y sus diversos modos de ver el mundo.

¿Por qué lo hacemos? Hemos llegado al siglo XXI y hemos sido testigos de genocidios, guerras y diversas acciones destructivas. Hemos presenciado la destrucción de ciudades, poblados, el dolor de las familias y sus comunidades.

Lamentablemente, aún el mundo sigue en zozobra con la oscura posibilidad de una tercera guerra mundial. Pareciera que pretender vivir en un mundo equitativo, pacífico, respetuoso y armonioso es una utopía, sin embargo, no lo es.

Es valioso recordar a Mahatma Gandhi “Cuida tus pensamientos, porque se convertirán en tus palabras. Cuida tus palabras, porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos, porque se convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos, porque se convertirán en tu destino”.


Usos violentos de lenguaje

A continuación, describiremos algunos usos muy frecuentes, invisibilizados, que desalentamos, ya que actúan con poder destructivo para la sociedad en su conjunto.

Estereotipos:

Se trata de imágenes sociales que supuestamente caracterizan a un grupo de personas. Los estereotipos pueden referir a múltiples aspectos de la vida social: la religión, la nacionalidad, el sexo, la etnia, la orientación sexual, entre otros.

Por ejemplo, cuando se afirma “todos los colombianos son…”, el estereotipo está construido en función de la nacionalidad. También puede haber estereotipos en función del sexo, como cuando se dice: “todas las mujeres son…” o “todos los varones son…”.

Muy frecuente es leer en redes sociales expresiones de estereotipo tales como: “Todos los inmigrantes son…”. “Todos los judíos son…”.” Todos los musulmanes son…”.

Los estereotipos niegan las particularidades de las personas, sus individualidades y en su lugar se ubica una caracterización generalizada que se supone alcanza a todos los individuos del grupo al que se está haciendo referencia.

Recordemos que atribuir determinadas características negativas a un grupo específico puede ser el inicio de un doloroso camino de exclusión, persecución y muerte.

Etnocentrismo:

Se trata de establecer una categoría única de ver el mundo, la propia, y que esa forma se presente como la verdadera. Esta única forma de ver el mundo instala la idea de que el diálogo no es posible, y por lo tanto el único camino es oponerse a lo distinto.

El concepto de etnocentrismo combina la creencia en que la propia cultura es superior a otras, junto con la práctica de juzgar otras culturas con los estándares de una cultura específica. En este sentido, la gente o los pueblos tienden a describir las creencias, las costumbres y los comportamientos de su propia cultura en términos estereotípicamente positivos, mientras que las costumbres y creencias de las otras culturas son descriptas negativamente.

Existen diversas formas de etnocentrismo, entre ellas:

  • Etnocentrismo étnico: pensar que los miembros de la propia cultura o etnia tienen una dotación genética diferente de otros seres humanos y que la que poseen los hace superiores al resto. A través de la historia esta visión provocó la humillación, y muerte de muchos pueblos.
  • Etnocentrismo lingüístico: pensar que la lengua propia es más compleja, sutil y adecuada para el pensamiento que las lenguas de otros pueblos o comunidades. Se desprecia a otras lenguas diferentes de la propia, a tal punto que muchos de sus hablantes esconden sus propias lenguas por temor al desprecio o desvalorización de otros integrantes de la comunidad a la que pertenecen.
  • Etnocentrismo religioso: pensar que la propia creencia religiosa es superior a otras en el sentido de que es la única verdadera, siendo el resto de prácticas y creencias falacias. Las guerras por temas religiosos se sostienen aún hoy.

Descalificación

¿Qué busca la calificación peyorativa en general, y el insulto en particular, cuál es su objetivo? Se podría sintetizar diciendo que su objetivo es establecer una superioridad cultural. Es primero mediante estereotipos, categorizaciones, rasgos de identidad, que estas calificaciones dañan el individuo en su mismo ser, en su más profunda esencia.

Es posible encontrar diversas maneras de descalificar a una persona:

  • Usar apodos despectivos:

Bolita, chilote, paragua en referencia a ciudadanos bolivianos, chilenos o paraguayos.

  • Descalificar modos culturales relacionados con la música, las producciones estéticas, los usos y costumbres de una generación.
  • “Ya está viejo, no puede aprender”
  • “A los jóvenes no les interesa nada”
  • Despojar a las personas de cualidades inherentes de los seres humanos, y utilizar palabras o expresiones referidas a animales.
  • “Esa persona es un burro. Entiende muy poco”
  • “Esa persona es una bestia. Difícilmente algo comprenda”

Pensamos que sólo teniendo en cuenta la comprensión de la violencia verbal, podemos conocer lo que es la cultura verbal de la paz. Una simple comparación entre ambas nociones revela primero que, así como la comunicación conviviente es “valorizante” para los interlocutores, la injuria u ofensa, en cambio, perjudica a la propia persona que la enuncia. La violencia verbal busca destruir voluntariamente al otro a veces sin demasiada conciencia de que a su vez quien la ejerza se convertirá en víctima de su propio enfoque.


Usos positivos del lenguaje a favor de la Cultura de la Paz.

La comunicación en armonía radica en un contrato recíproco, en el que los participantes de la interacción verbal construyen y defienden mutuamente la imagen del otro.

El lenguaje de la convivencia es una contribución a la construcción positiva de la imagen del locutor y del interlocutor siendo el resultado el enaltecimiento de la imagen propia y de la del otro y es de vital importancia para la cohesión social.

Compartimos algunos ejemplos:

Cortesía verbal

Es un hecho incuestionable que la forma de decir las cosas afecta al modo de recibirlas. Por tanto, el uso de la cortesía verbal se convierte en ocasiones en un valioso instrumento de negociación. Observemos el uso de mecanismos lingüísticos a través de los cuales el respeto se manifiesta verbalmente:

  • Uso de fórmulas lingüísticas de intercambio verbal al servicio específico de la cortesía como “por favor”, “gracias“, “hasta mañana”.
  • Uso de minimizadores y diminutivos: “Debo hacerle una pequeña objeción”. “Quisiera hacerle una preguntita
  • Lítotes (negando una palabra o un enunciado se suaviza el significado): “Su argumento ofrece no pocas dificultades”.
  • Uso del imperfecto o el condicional para evitar las fórmulas directas de solicitud: “Me gustaría hacerle una pregunta”, “¿Querría informarnos cuál es, según su parecer, el origen del problema?”, “Yo le pediría que fuese riguroso en la interpretación de nuestra posición…”.
  • Petición de disculpas ante una interrupción: “Perdone que lo interrumpa, pero…”.
  • Uso de construcciones sintácticas condicionales que restringen lo dicho: “Si ustedes me permitenme gustaría explicar detenidamente mi idea sobre el tema”.
  • Uso de impersonalizaciones con las que se atenúan aserciones y opiniones: “Cuando uno no sabe qué hacer, debe pedir consejo”, “Hay que recordar que…”, “Según el estudio realizado, se pone de manifiesto que…”, “Se puede afirmar que…”.
  • Uso de adverbios mitigadores: “Quizás“, “Tal vez“, “Probablemente“.

Máximas Conversacionales

Además de conocer y poner en funcionamiento las reglas de cortesía verbal enunciadas anteriormente, es decir, los recursos y estrategias de que dispone la lengua para asegurar que el intercambio comunicativo tenga éxito como interacción social, hay máximas de la comunicación que los especialistas señalan propicias para entablar comunicaciones:

  • no imponer ideas,
  • dar opciones,
  • hacer que el interlocutor se sienta cómodo,
  • ser cortés,
  • ser relevante,
  • no hablar de más ni de menos.

Palabras y acciones de Paz
Cuando interactuamos sugerimos que nuestro lenguaje permita:

  • Habilitar y sostener canales de diálogo, promover la escucha, y propiciar la libertad de expresión con respeto por la diversidad de opiniones.
  • Estimular el respeto, evitando toda expresión de prejuicio, estereotipo o generalización.
  • Destacar la identidad cultural como un bien a conocer y ampliar, y a su vez, incentivar y valorar otras identidades culturales.
  • Promover espacios de consensos, y de resolución de conflictos en forma pacífica.
  • Desestimar todo tipo de discriminación.
  • Estimular todo tipo de trabajo en colaboración, usando expresiones como: nosotros, construimos, pensamos…
  • Desalentar desde la niñez todo tipo de mentira, buscar siempre la verdad, la justicia el amor y la paz.

 

Para concluir, digamos que el breve acercamiento de la noción de expresiones que colaboran o no con la comunicación propia de una cultura de paz difícilmente pueda limitarse a un mero ejercicio lexical. Este fenómeno evidentemente no es solo lingüístico, también es sociocultural y hasta antropológico y merece una profundización que nos ayudará a comprender el mundo en el que vivimos.

Sean cuales sean sus formas, cotidiana, monótona, violenta, o retórica, literaria y pintoresca, lejos de ser neutras, las expresiones de cortesía y descortesía, de paz y de violencia, forman parte de los discursos. Para bien o para mal, con sus valores y antivalores, el lenguaje posee una fuerza capaz de moldear la sociedad y lo que más nos interesa es construir mundos donde la palabra sea siempre bienvenida, como las personas y sus variados modos de ver el mundo.

 

Marta Lescano (Fundación FEPAIS) con integrantes de la Comisión de Cultura de Paz y Ciudadanía del Consejo Consultivo de la Sociedad Civil del Ministerio de Relaciones Exteriores.  


Referencias

  • Bourdieu, Pierre (1982): ¿Qué significa hablar? Economía de los intercambios lingüísticos. Akal. Madrid, 1985.
  • Calsamiglia, Helena y Tusón, Amparo (1999): Las cosas del decir. Manual de análisis del discurso. Ariel. Barcelona.
  • Escandell, M. V. (1996). Introducción a la pragmática. Barcelona: Ariel Lingüística.
  • Tannen, Deborah (1999): La cultura de la polémica. Del enfrentamiento al diálogo. Paidós, Barcelona.
  • Van Dijk, Teun (2011): Sociedad y discurso. Gedisa, Barcelona.

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